miércoles, 15 de julio de 2009

Alucinaciones

En contra de lo que habitualmente se suele decir, los fármacos psiquedélicos, tambíen mal llamados alucinógenos, no suelen producir alucinaciones, al menos no en la mayoría de las situaciones y para la mayoría de usuarios. Provocan, desde luego, profundas alteraciones en la percepción y en la consciencia, pero no acostumbran a "engañarnos" mostrándonos fenómenos que no existen en absoluto.

En mi modesta experiencia con este tipo de sustancias, que se reduce a poco más de una docena de "viajes", tan solo en una ocasión tuve percepciones de cosas que no existían, como pude contrastar posteriormente. Estas percepciones son extremadamente reales y pueden afectar más de un sentido; por ejemplo, en aquella ocasión, además de ver algo que no existía, pude tocarlo con mis propias manos en un vano intento de comprobar su existencia, cuando lo único que comprobé fué la intensidad de mi alucinación.

Mi opinión acerca de estos fenómenos psicológicos es bastante negativa. La distorsión de la realidad es una consecuencia fisiológica de los cambios químicos producidos en el cerebro al introducir en él sustancias que alteran su equilibrio químico y que modifican -amplificando o disminuyendo- la actividad de diversas zonas del cerebro. La realidad observada en este estado de consciencia es la misma, somos nosotros los que hemos cambiado, por tanto lo que observamos es esencialmente verdadero: simplemente lo estamos viendo con un enfoque distinto. Las alucinaciones, en cambio, son falacias de nuestros sentidos, mentiras que nuestro cerebro crea para autoengañarnos. ¿Por qué se producen estos fenómenos?

La proyección es un fenómeno ampliamente estudidado en psicología. Viene a explicar que las personas filtramos la realidad de forma diferenciada, de forma que cada individuo proyecta su propia personalidad revistiendo aquello que percibe de su genuino barniz de prejuicios, ideas preconcebidas, miedos, etc. Si estas ideas tienen la intensidad suficiente, pueden desencadenar acciones terribles y totalmente infundadas; piense, por ejemplo, en los celos, muchas veces causados por una percepción errónea, sesgada por la predisposición del individuo a ver lo que no existe, fruto de su mente manipuladora.

Creo que los fármacos psiquedélicos son capaces de potenciar estos fenómenos de la mente; bajo sus efectos la imaginación se dispara, y la capacidad de proyección se vuelve ilimitada, hasta el punto de que somos capaces de crear representaciones físicas sacadas de nuestro subconsciente y tomarlas por reales, con el peligro que ello conlleva.

Este tipo de experiencias aún tienen un importante valor educativo: Sirven para conocer qué es lo que nuestro subconsciente nos está ocultando; si descubrimos el origen de la alucinación, su significado, podremos al menos conocer y asumir cuál es el problema, momento en el que tendremos la posibilidad de solucionarlo.

2 comentarios:

Víctor dijo...

"pude tocarlo con mis propias manos en un vano intento de comprobar su existencia"

¡Que bárbaro, increíble!

¿Y que fue eso que tocaste?

nade dijo...

Toqué lágrimas. Mejor no preguntes más. :)